Siempre he creído que al hablar de cualquier producción artísitica es de suma importancia distinguir entre un artista y un intérprete o un artesano (conceptos muy distintos que sin embargo para motivos de este escrito se tratarán como similares). Mi simplista manera de ver el mundo era la siguiente.
Un artista es aquel que crea una expresión artística, valga la redundancia. Esto es, que compuso una canción, pensó en una escultura antes de esculpirla, concibió la pintura que plasmó en un óleo, etc. Por el otro lado tenemos a los intérpretes o a los artesanos. Estos tienen las capacidades físicas o mentales de imitar al arte creado por los artistas, sin producir arte por ellos mismos. Por ejemplo, un pintor (por si la palabra "artesano" no es la más adecuada) es aquel que imita obras de Goya mientras que éste es definitivamente un artista. Por el otro lado, es evidente que Varg Vikernes, a pesar de ser mucho menos famoso que, digamos, Luis Miguel, es un artista en toda la definición de la palabra mientras que el mexicano a pesar de su fortuna no es mas que un simplón intérprete.
Ahora bien, siempre había caracterizado a los actores y bailarines como simples intérpretes, al ser ellos los que simplemente se prestaban para que la obra del artista llegara al expectador. Es por esto que muchas veces he preferido leer obras de teatro antes de verlas respresentadas, para tener mi propia versión de las cosas sin que un director empañe lo que el artista quería decir con su interpretación. Además, siempre me había parecido incorrecto que se refirieran a los actores como artistas (en cuanto a los de las telenovelas/casi todo el cine hollywoodense me sigue pareciendo incorrecto). Habiendo tenido muy poco contacto con el teatro y aún menos con el ballet, no había habido nada que cambiase mi opinión. Hasta hoy.
La razón de mi cambio de paradigma fue la película The Black Swan del estadounidense Darren Aronofsky. En esta se representa la incapacidad de una talentosa bailarina, interpretada por Natalie Portman, de poder interiorizar y hacer creíbles los papeles de Odette y de Odile de El lago de los cisnes de Chaikovski.
Es aquí donde cambié de parecer en cuanto a la naturaleza de los bailarines y los actores como artistas (de los buenos, al menos). En la película, la incapacidad de la protagonista de poder expresar por medio de su baile la personalidad del cisne nego la lleva a la locura y, en última instancia, a la muerte.
Honestamente, debo de decir que la primer mitad de la película lo único que podía pensar era "por que no simplemente puede bailar la parte del cisne negro bien y ya." No fue hasta después que me di cuenta que cual era el conflicto.
La vida de la protagonista, por cierto llamada Nina, era muy parecida a la de Odette, sólo que ella no esperaba a un príncipe de carne y hueso, sino a un papel estelar que la sacara de la situación en la que estaba. Madre sobreprotectora, entorno laboral competitivo, etc. El papel llega y es perfecto para ella, en su baile se puede leer la desesperación y fragilidad de Odette. El problema llega cuando también debe interpretar a Odile. No existe en ella la lujuria y maldad del peronaje que le arrebata a Odette el amor. Incluso en ese momento llega una bailarina de San Francisco que amenaza con quitarle su papel. La protagonista inconscientemente parece asociarla con el cisne negro.
Sin embargo, al final consigue interpretar a la perfección tanto al cisne blanco como al cisne negro. Luego de creer que había asesinado a la bailarina de San Francisco, logra entender la maldad de Odile. Entonces, baila la parte del cisne negro y logra la admiración de el público y sus compañeros. Posteriormente, al ver que no mató a su rival sino que se hirió a si misma (si, literalmente) regresa a su estado natural y hace una interpretación perfecta.
Fue de esta manera que la película cambió mi manera de pensar acerca de los actores y bailarines. Sin ellos, las artes escénicas no estarían completas. Es mas, un buen actor, una buena bailarina puede poner de su cosecha para que la representación sea perfecta. No fue hasta entonces que entendí que el ser un buen actor es incluso riesgoso. El abrirle tu alma a los celos de Othelo, la seducción de Odile, la venganza de Hamlet, no es una tarea sencilla.
Cerrando, The Black Swan es una película muy recomendable. No es simplemente acerca de los peligros y las presiones que las bailarinas de ballet sufren para ser perfectas sino acerca de la presión que un artista tiene al abrirle su alma al arte. En la película se puede ver que una vez que dicha apertura y simbiosis se realizó no hubo vuelta atrás para la que era verdaderamente un artista.
Ejem... spoiler alert ¬¬
ResponderEliminar:O. Lo lamento compañero, pondré un anuncio al respecto.
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