jueves, 30 de septiembre de 2010

Москва

Me acabo de enterar que mi profesor de física esudió la carrera en la ex-URSS. Si, esa descricpión es lo menos atinada que existe, hay mucha URSS en donde ubicar a mi profesor, pero no recuerdo con exactitud el país en cuestión. Luego de la revisión de examen, el profe nos conto su experiencia como alumno en Europa Oriental (si, de eso si me acuerdo, pero sigue siendo muy amplio).

La historia del profesor me hizo pensar bastante. Aunque técnicamente nosotros estemos recibiendo la misma cantidad de temas que los alumnos en esas universidades, me pregunto cuanto afectan las distintas maneras de enseñar. Es decir, realmente dudo mucho que un examen escrito sea la herramienta indicada para evaluar a los estudiantes. Tu reloj biológico puede no estar en su mejor momento y ¡pácatelas!, ya valiste.

Entonces lo que se hacía en la escuela del profe era tener una entrevista con un profesor. Cabe aclarar que aquí "profesor" no significa docente, sino que era un título académico otorgado por el Ejecutivo en persona. Daban unos 5 cada año. Entonces, ese semidios recibía a los alumnos por grupos, y en el momento les daba el tema que les correspondía. Los alumnos, tembolorosos, ojerosos y asustados; tenían tiempo para preparar el tema. Posteriormente iban y le exponían lo que sabían al Profesor. Si notaba debilidades en tus temas, te preguntaba en aquello en lo que cojeabas. Entonces había de tres sopas: pasabas excelente, pasabas bien y "pues ya la vida te enseñará, pero de aquí ya puedes pasar". Si tronabas, tenías que hacer otra entrevista y así. Y pues así, como tres veces podías hacerle. En caso contrario era, pues un problema. Como no era lo importante, nuestro profe ya no nos explicó.

Mi increpación no es hacia el hecho de que haya exámenes y que en su lugar tengamos que establecer un método como el de "300" en el que se descarte a los déblies. Para nada. Sólo creo que hay maneras más justas de evaluar la real comprensión y capacidad de análisis. Pero como honestamente no se me ocurre nunguna, pues simplemente les dejo la historia de mi profe de Física.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

¿Qué nos deja el Bicentenario?

Estamos a escasas horas de celebrar el Bicentenario del inicio de la guerra de independencia (Dato duro, o si quieren mamón: no se celebra la independencia, sino el inicio de la guerra, lo cual aún es discutible. La independencia per se se consumó hasta 1821). Esta es una fecha se celebra año con año en grande, en la que el presidene de la república, desde el Zócalo capitalino conmemora el grito del cura Hidalgo con el que inició la gesta de independencia.

Ahora, ha habido mucho debate acerca de su se debe de celebrar esta fecha o no. Para mi la pura discusión es idiota. Año con año la gente se reúne y, salvo algunos casos por supuesto, se embrutece con alcohol hasta que perder la lucidez, con poca o nula reflexión acerca de lo que significa la Independencia.

¿Por qué sólo ahora surge la pregunta?

Dado que estamos en medio de una guerra contra el narcotráfico, que ha dejado muchísimos muertos, la gente al parecer no está con ánimos de celebrar. Eso también es una tontería.

Dejando de lado lo que pienso de celebrar la independencia el 16 de septiembre (Hidalgo no comenzó ningún movimiento de independencia, era fiel a España y escojerlo como el padre de la patria porque fue el primer güey que se atravesó raya en el totemismo) no veo porque dejar de lado la celebración. La fiesta del 15 de septiembre es un símbolo mexicano que no se debe de dejar de lado. No se dejó de lado hace 100 años, cuando la situación estaba algo más jodida que ahorita y no se tendría que dejar de lado hoy.

Sin embargo, si me gustaría invitarte, si es que estás leyendo esto, a que transformes, ya si no este bicentenario los septiembres que sigan, las fiestas patrias en un tiempo de reflexión, más que de fiesta vana y sin sentido. Si, que chido, ya hubo puente, pero lo ideal sería que estas fiestas patrias nos dejaran algo más que una tremendísima cruda, cuentas por pagar por cuartos en Acapulco o Cancún o una casa estúpidamente desordenada por la presencia de hasta el perico en la fiesta.

Lo ideal sería que este 16 de septiembre nos diera un momento para reflexionar hacia donde vamos como ciudadanos de un gran país y no un pretexto para agarrar la peda. Para los detractores de celebrar las fiestas patrias, esto se ha hecho desde hace bastante y se seguirá haciendo mientras haya México, está como inscrito en el código genético colectivo y no cambiará. Y para los que si quieren celebrarla, por favor, que sea en serio y no por encontrar un pretexto baboso para hacer una fiesta o por un fervor patriotero de mierda. Es en serio, gente...

Encuéntrenle algo más. Sino, ni el ser mexicanos tiene chiste, no se diga celebrar las fiestas patrias.


P.S. Compré en Liverpool (supongo que se puuede encontrar en cualquier librería) "Historias desconocidas de la independencia y la revolución" por el caricaturista Trino. De secretas las historias no tienen nada, sólo son una colección de monitos muy graciosos acerca de las fiestas patrias. Adquiéranlo, no tiene desperdicio.