No recuerdo bien su rostro. Lo único que sigue en mi memoria es la sensación de bienestar que me provocó su presencia. Honestamente no sé cómo explicarlo.
Un aura de oro a su alrededor. Piel blanca moteada por pequeños lunares que en lugar de afearla resaltaban el tono marfil de su tez. Sonrisa y ojos pequeños, únicas facciones que lograron alojarse en mi memoria. Una risa con un dejo de cansancio y un acento extranjero. Una belleza.
Es posible que con toda esta descripción sólo esté intentando beatificar algo que realmente no tiene nada de especial. Creo que ni es tan guapa, pero las mujeres bellas habían escaseado en mis clases estos días, así que a comparación del promedio, es un ángel (sólo del promedio, debo de decir que en algunas clases si me han tocado chavas guapas, incluso más que ella, pero esta es la primera con la que he podido cruzar unas palabras). Honestamente, citando a Rochester, de Jane Eyre "I never thought there was any consecrating virtue about her: it was rather some sort of pastille perfume she had left; a scent of musk and amber, than an odour of santity."
No creo que sea amor. Ni remotamente. Sin embargo, es bueno saber que aún puedo sentir algo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario