Entré a la alberca de un golpe. El agua estaba medianamente templada, lo cual me provocó un pequeño sobresalto. Inmediatamente recibí instrucciones y comencé a nadar.
50, 75, 100 metros. De repente ya no puedo contarlos. Tremendo idiota que hice de mi mismo al pretender que tenía la capacidad de entrar al equipo representativo, en el momento presente al menos.
Las piernas se me acalambraron, sufrí un mareo a la mitad de la alberca y me dieron náuseas… pero acabé absolutamente todo. Nadé más rápido que casi todos los que estaban en el agua en el mismo momento. Sólo una mujer, bastante guapa por cierto, me superó, por mucho. Y puedo suponer que los del equipo representativo son más rápidos.
Bah, sólo tengo que replantear la estrategia. Es obvio que mis capacidades no dan de sí en este momento para ser muy pro. Pero dando hasta mi último aliento en la alberca puedo obrar milagros. En general con salir de la zona de confort se pueden hacer maravillas. Lo tendré en mente para todo.