sábado, 21 de agosto de 2010

Se me fue el aire...

Entré a la alberca de un golpe. El agua estaba medianamente templada, lo cual me provocó un pequeño sobresalto. Inmediatamente recibí instrucciones y comencé a nadar.

50, 75, 100 metros. De repente ya no puedo contarlos. Tremendo idiota que hice de mi mismo al pretender que tenía la capacidad de entrar al equipo representativo, en el momento presente al menos.

Las piernas se me acalambraron, sufrí un mareo a la mitad de la alberca y me dieron náuseas… pero acabé absolutamente todo. Nadé más rápido que casi todos los que estaban en el agua en el mismo momento. Sólo una mujer, bastante guapa por cierto, me superó, por mucho. Y puedo suponer que los del equipo representativo son más rápidos.

Bah, sólo tengo que replantear la estrategia. Es obvio que mis capacidades no dan de sí en este momento para ser muy pro. Pero dando hasta mi último aliento en la alberca puedo obrar milagros. En general con salir de la zona de confort se pueden hacer maravillas. Lo tendré en mente para todo.

jueves, 19 de agosto de 2010

La inefable alegría de comprender vectores

Ya se veía venir. El maestro ocupó solamente media hora para hablar de su vida (interesante, por cierto) y de las reglas de la clase. Luego, ocupó la hora restante para ametrallarnos con vectores a lo pendejo. Parecía que había sido una mala idea inscribir esa clase, en serio creí no aguantar al principio. Yo no era el único extraviado. A las miradas perdidas de algunos compañeros se les sumaron las constantes preguntas de alguien que no se si no entendía porque no se esforzaba lo suficiente o de verdad la estática se encontraba más allá de él.

Sin embargo, hoy sucedió… entendí absolutamente cada palabra, cada flecha, cada componente, cada cantidad. Entonces, participé activamente en la clase… y el inefable bienestar que sentía se apagó un poco luego de que descubrí que no todo era entender, sino analizar, y mucho. De lo contrario, me seguiría equivocando.

Pero no hay problema. Considerando que los vectores jamás han sido mi fuerte, el haberme levantado cómo lo he hecho, de ser un asno a casi un cabrón, en menos de dos semanas, es muy bueno. Además, comienza a gustarme muchísimo.

Y lo más divertido está por venir. Que bello...

Inesperada belleza en lugares insospechados

No recuerdo bien su rostro. Lo único que sigue en mi memoria es la sensación de bienestar que me provocó su presencia. Honestamente no sé cómo explicarlo.

Un aura de oro a su alrededor. Piel blanca moteada por pequeños lunares que en lugar de afearla resaltaban el tono marfil de su tez. Sonrisa y ojos pequeños, únicas facciones que lograron alojarse en mi memoria. Una risa con un dejo de cansancio y un acento extranjero. Una belleza.

Es posible que con toda esta descripción sólo esté intentando beatificar algo que realmente no tiene nada de especial. Creo que ni es tan guapa, pero las mujeres bellas habían escaseado en mis clases estos días, así que a comparación del promedio, es un ángel (sólo del promedio, debo de decir que en algunas clases si me han tocado chavas guapas, incluso más que ella, pero esta es la primera con la que he podido cruzar unas palabras). Honestamente, citando a Rochester, de Jane Eyre "I never thought there was any consecrating virtue about her: it was rather some sort of pastille perfume she had left; a scent of musk and amber, than an odour of santity."

No creo que sea amor. Ni remotamente. Sin embargo, es bueno saber que aún puedo sentir algo.